El proyecto como una excusa perfecta para poner en marcha un trabajo de investigación a la clase.
Se organizan a partir de preguntas de los niños que dan pie a investigaciones donde el conflicto orienta su búsqueda . Paulatinamente, para encontrar respuestas tenemos que recurrir a diferentes disciplinas del saber y la idea de globalización va tomando más importancia. Se recogen sistemáticamente las conversaciones para ser analizadas e ir así definiendo el problema común que preocupa al grupo. Se incorpora la evaluación como una necesidad de saber el proceso, de dar a conocer y compartir el camino que se hace durante la búsqueda. Surge, de este modo, la necesidad de explicitar el relato: la historia del proyecto. La manera de representar el conocimiento merece una atención especial y las nuevas tecnologías toman una importancia relevante. El que pasa a la clase y el que pasa a la vida real tiene que estar conectado y siempre que sea posible aquello que pasa entre las cuatro paredes de la clase tiene que encontrar una conexión con el mundo exterior y tiene que provocar algún cambio .
El proyecto como una manera de romper el espacio y el tiempo de la clase, de realizar un trabajo cooperativo con los alumnos .
Investigar a partir de problemas consensuados dentro de la clase, construir de manera compartida el conocimiento, relacionar los saberes, contextualizar las informaciones que nos llegan, dialogar constantemente, interpretar la realidad que nos rodea, poder actuar en ella siempre que sea posible, representar cada vez más creativamente aquello que queremos comunicar, evaluar y evaluarnos en cada momento y contribuir a la construcción de las identidades personales.
Los proyectos de trabajo nos permiten repensar la escuela de hoy en día.
¿Cómo y por qué aprenden nuestros alumnos?
¿Qué vale la pena saber?
¿Dónde y con quien aprendemos?
¿Cómo se construye el saber?
¿Cómo podemos saber si los niños han aprendido lo que pretendíamos enseñar?

"La escuela no puede ser pensada como sistema, ha de ser como un organismo vivo, como un laboratorio de gente que busca y que aprende conjuntamente.
Una escuela en la que los adultos – los educadores – tendrían que ser capaces de proponer en el día a día, una red de situaciones de aprendizaje, de búsqueda, de juego y de trabajo; más que dispensar soluciones seguras y recetas unívocas.
Saber poner en práctica siempre el arte de la duda, de la espera y de la curiosidad en relación a aquello que todavía no se conoce: una figura de educador-investigador que no se limita a aplicar programas definidos por otros sino que contribuye a la elaboración teórica en diálogo con otros profesionales. ( Resumen de un árticulo de Mara Davoli - Reggio Emilia) Palabras que comparto."

Mª Dolores